Dinero Electrónico: Retos y oportunidades para la inclusión financiera

Autor: Luis Ernesto Marin 

En el marco del Alliance for Financial Inclusion (AFI) Global Policy Forum llevado a cabo en México en septiembre de 2011, la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP se comprometió a emitir, en un plazo de 12 meses, regulación referida al uso del dinero electrónico. Atendiendo a dicho compromiso, en enero de 2013 el Poder Ejecutivo promulgó la Ley N° 29985, Ley que regula las características básicas del dinero electrónico como instrumento de inclusión financiera (en adelante, la “Ley del Dinero Electrónico”).

La Ley del Dinero Electrónico establece el marco regulatorio aplicable a la emisión del dinero electrónico, y fue reglamentada mediante Decreto Supremo N° 090-2013-EF. Posteriormente, mediante Resolución SBS N° 6283-2013 y Resolución SBS N° 6284-2013, la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP aprobó el Reglamento de operaciones con dinero electrónico y el Reglamento de las Empresas Emisores de Dinero Electrónico, respectivamente.

El dinero electrónico es definido por dicha ley como un valor monetario representado por un crédito exigible a su emisor, el cual reúne las siguientes características:

(a)                Es almacenado en un soporte electrónico.

(b)               Es aceptado como medio de pago por entidades o personas distintas del emisor y tiene efecto cancelatorio.

(c)                Es emitido por un valor igual a los fondos recibidos.

(d)               Es convertible a dinero en efectivo según el valor monetario del que disponga el titular, al valor nominal.

(e)                No constituye depósito y no genera intereses.

Las normas aplicables definen la “emisión de dinero electrónico” como la emisión propiamente dicha de dinero electrónico, así como la reconversión del dinero electrónico a efectivo, transferencias, pagos y cualquier otro movimiento u operación que se encuentra relacionada con el valor monetario del que disponga su titular. Una vez emitido, debe ser almacenado en un soporte electrónico, como pueden ser teléfonos móviles, tarjetas prepago o, en general, cualquier otro equipo o dispositivo electrónico que cumpla con los fines establecidos en la Ley del Dinero Electrónico.

A su vez, las normas establecen que pueden emitir dinero electrónico las empresas de operaciones múltiples (bancos, financieras, entre otros), así como las Empresas Emisoras de Dinero Electrónico, que constituyen un nuevo tipo de empresa de servicios complementarios y conexos.

La Ley del Dinero Electrónico y la diversa regulación dictada en los últimos meses constituyen una revolución en el sistema financiero peruano, una de las más importantes que se han dado en los últimos años. Hablamos de “revolución” no solo por lo innovador de la propuesta que trae consigo esta ley (que se traducirá en nuevos productos y servicios que las empresas del sistema financiero peruano estarán en capacidad de ofrecer a sus usuarios), sino además por la gran oportunidad que representa para bancarizar a un gran sector de la población que, a la fecha, o no tiene acceso a servicios financieros o, teniéndolo, opta por no utilizar los servicios financieros que las empresas del sistema financiero ofrecen.

No es sorpresa que en el Perú gran parte de la población no está bancarizada. De hecho, en América Latina, el Perú ocupa el puesto 11 de un total de 18 países en la región en el ranking de bancarización. Mientras que en el vecino Chile la bancarización alcanza un 78%, en el Perú el porcentaje de la población bancarizada apenas alcanza el 30%, con lo cual es evidente que queda aún mucho por hacer en materia de bancarización. Esta baja bancarización se debe, por un lado, a la falta de puntos de oferta financiera y, por el otro, a barreras culturales, dado que muchas personas prefieren no hacer uso del sistema financiero por desconocimiento (a pesar de los considerables esfuerzos de las empresas financieras y del regulador de presentar al sistema financiero como de manera amigable y simple) o desconfianza en el sistema.

Pero, en contraposición a la baja bancarización, la penetración de la telefonía móvil en el Perú es bastante alta. A septiembre de 2014, de acuerdo a los reportes de Osiptel, existían 30 millones de líneas activas. Y esa cifra, definitivamente, va en aumento teniendo en cuenta los nuevos actores en el mercado de telefonía móvil y la gran competitividad del sector. Así, en el Perú la población no bancarizada es mayor que la población que tiene acceso o utiliza un teléfono celular. Y es precisamente esta situación la que viene siendo aprovechada por el sistema financiero para fomentar la bancarización en el Perú, en lo que constituye la apuesta más importante de la banca en los últimos años: el denominado “Modelo Perú”.

El Modelo Perú es una iniciativa de distintas empresas del sistema financiero peruano que busca desarrollar la denominada “billetera móvil”, de forma tal que cualquier persona pueda realizar transacciones financieras utilizando un teléfono móvil, independientemente de que se trate del dispositivo móvil más moderno o el más básico de todos. Como señala un reporte de BBVA Research a septiembre de 2014, el Modelo Perú busca paliar las barreras existentes para la inclusión financiera, tales como distancia, costos asociados a la utilización de productos financieros, requisitos de documentación, seguridad y confianza en el sistema financiero.

De esta manera, la Ley del Dinero Electrónico y el esfuerzo emprendido por las empresas del sistema financiero, contribuirán a fortalecer el sistema financiero en el Perú, ya que permitirá a la población no bancarizada el acceso a servicios que este sistema ofrece a través de una plataforma (el teléfono móvil) que la población encuentra fácil de usar (y con la que se encuentra familiarizada). Personas en zonas remotas del país podrán hacer y recibir pagos, transferencias y otras operaciones a través de teléfonos móviles.

Sin perjuicio de lo anterior, la plataforma de dinero electrónico en la cual se basa el Modelo Perú podría ser usada también para programas sociales (JUNTOS, Pensión 65, entre otros) y permitir que los programas sociales puedan ser desarrollados en un ambiente más seguro y simple de usar (y, definitivamente, más fácil de controlar). Así, los programas sociales podrían utilizar la plataforma de dinero electrónico para que los beneficiarios de estos programas puedan recibir sus pagos a través de cuentas de dinero electrónico. Cabe señalar que aunque los beneficiarios de programas sociales reciben, en algunos casos, pagos en cuentas de ahorro (por ejemplo, en el Banco de la Nación), no aprovechan estas oportunidades de ahorro dado que no confían en el sistema financiero, básicamente – como ya hemos señalado – a la falta de conocimiento de cómo funciona el sistema  y también la falta de puntos de atención en poblados remotos.

Las condiciones para el éxito del “Modelo Perú” están dadas: alta penetración de la telefonía móvil y una extensa cobertura de la señal móvil.

Un ejemplo del éxito que puede tener el dinero electrónico y el Modelo Perú es el caso M-Pesa. M-Pesa es el producto de dinero electrónico desarrollado en Kenia por Safaricom, una empresa de telecomunicaciones filial de Vodafone, que es uno de los operadores de telecomunicaciones más grande del mundo, el cual permite depositar dinero en una cuenta de dinero electrónico, realizar retiros, transferencias y pagar servicios, todo a través de un teléfono móvil.

Este servicio fue lanzado en el año 2007 y, desde esa fecha, ha sido replicado en Afganistán, Sudáfrica, Tanzania e India, contando con alrededor de 17 millones de cuentas / usuarios registrados solo en Kenia. Al igual que el Perú, Kenia era un país con una muy baja bancarización y este servicio no sólo contribuyó a facilitar el acceso de muchas personas al sistema financiero formal, sino que ayudó incluso a reducir el crimen en una sociedad donde el efectivo tenía un papel predominante.

Además de las oportunidades para la inclusión financiera, varias empresas podrían verse beneficiadas con el uso del dinero electrónico. Por ejemplo, empresas con rutas de distribución extensas podrían utilizar esta alternativa evitando que sus distribuidores utilicen dinero en efectivo y, en su lugar, utilicen una forma segura para realizar o recibir pagos. Creemos que en el corto plazo varias empresas verán en el dinero electrónico una alternativa eficiente y segura. Finalmente, permitirá el desarrollo de nuevos productos financieros por parte de las empresas financieras y empresas de telecomunicaciones.

Definitivamente, la apuesta que el Modelo Perú representa un gran reto para el sistema financiero peruano, pero a su vez una gran oportunidad para elevar la bancarización de la población. Y la Ley del Dinero Electrónico, en la cual el Modelo Perú se basa, constituye un gran acierto en lo que a esfuerzos por lograr una verdadera inclusión financiera se refiere.

Asociado Principal del Estudio Echecopar

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