Educación superior y modelos pedagógicos

Educación superior y modelos pedagógicos

La Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 establece que toda persona tiene derecho a la educación y que el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.  La Constitución Política del Perú reconoce el derecho fundamental al libre desarrollo y establece que la educación prepara para la vida y el trabajo y fomenta la solidaridad.

La educación sirve a la persona. Pero ¿Qué es ser persona? En una acepción general, es un “individuo de la especie humana” (DRAE, 2001).  En  sentido ontológico, se trata del hombre, como “ser animado racional, varón o mujer” (DRAE, 2001). Según Páez, las expresiones “humano” o “ser humano” son ambiguas.  Algunas veces se quiere decir homo sapiens y otras “queremos decir persona, esto es, un ser racional y autoconsciente”. (2013, p. 30) Ya antes Kant señaló que el hombre que, teniendo entendimiento, (es decir, razón) no se sirve de él, vive en un estado de “autoculpable minoría de edad”; de allí su Sapere aude. (1748, s/p). Por su parte, Novak (1992, p. 43) destaca que el concepto de individuo se refiere a lo material pero que el de persona “mira el intelecto y la voluntad: las capacidades de discernimiento y de juicio, por una parte, y de elección y decisión por otra”.

A la luz de lo anterior, nos atrevemos a decir que en esta sociedad del conocimiento para ser personas, y no solo individuos, se requiere el acceso a educación de calidad, que abre el camino a la iluminación, al desarrollo del intelecto y al ejercicio en el uso del propio entendimiento; ello, a su vez, abre paso a la capacidad de decisión y de elección, la que viene aparejada con la libertad. De otro modo, se cae en la esfera del analfabetismo funcional en razón de los retos que el siglo XXI plantea, tanto en términos de oportunidades como de desafíos.

El hombre para vivir necesita razonar.  En el hombre el pensamiento es tan radical y tan natural como la biología, y por eso la biología humana solamente se entiende desde la condición intelectual del hombre.  En este sentido podemos decir que el hombre tiene manos porque piensa. (Moreno y Ares, 2012, p. 21)

Ya en el siglo pasado se comprendía el papel vital de las universidades en la construcción de un futuro “de cara al cual las nuevas generaciones deberán estar preparadas con nuevas competencias y nuevos conocimientos e ideales”(UNESCO, 1998, s./p.).  El problema no es tanto (o cuando menos nosolo) la cobertura, pues la expansión de la educación superior es significativa: preocupan, y más, la calidad y la equidad.  ¿De qué sirven el aumento del PBI o del consumo per cápita si el tejido social carece de capital humano culto e instruido?

(…) América Latina es la región del mundo con mayores desigualdades sociales, entre ellas destaca la dificultad de las mayorías para acceder a la educación. El sistema de educación superior en la región es muy joven. En realidad inició como un sistema exclusivamente universitario en donde se formaban las élites. El paso de una universidad reservada a los grupos privilegiados a un sistema de apertura más democrática es uno de los saltos más relevantes en el siglo XX. (Olivier, 2012, s./p.)

Se plantea que los principales aportes pedagógicos y psicológicos a la enseñanza y al aprendizaje en la educación superior retienen su vigencia en el siglo XXI, aunque algunos en mayor medida que otros. Los enfoques con menor significancia hoy en día serían el de la pedagogía tradicional y el de la tecnología educativa sistémica. Los de mayor relevancia serían los de la pedagogía histórico crítica, la pedagogía de la liberación y —especialmente— la pedagogía intercultural crítica. Además, se propone que tales paradigmas merecen un reexamen a la luz de un constructo filosófico y ontológico que destaque —lejos del simple individualismo— que la persona tiene una dimensión individual (existencial) pero también una social (coexistencial) y, lo que es más, que esa dimensión social no se limita a su interacción con otros seres humanos, sino con otros seres vivos a quienes ya se busca conceptuar como personas no humanas.  Este último enfoque hiere al reaccionario que defiende el antropocentrismo y atrae al innovador.

(…) Finnis caracteriza a las personas como aquellos seres con tales capacidades intelectuales superiores como son la libertad, la racionalidad o la deliberación. (…) esto justifica el reclamo de que todos los seres humanos son personas, que sus vidas son mucho más valiosas que las de los seres no humanos (…) (Páez, p. 54)

La pedagogía tradicional adolece de “magistrocentrismo”. Se centra en la transmisión de información sobre una realidad que se entiende estática, ajena a la experiencia de los estudiantes y segmentada, como si no fuera parte de una totalidad. Ello se opone al paradigma humanista que postula a un docente democrático y estudiantes críticos y activos.  En el siglo XXI este enfoque es retrógrado.

La tecnología educativa sistémica fue novedosa en su momento. Su mayor virtud parecería radicar en su simpleza, en la relación elemental del estímulo y la respuesta, pero a la vez esa virtud se sustenta en ignorar los procesos internos de los estudiantes, de modo que resulta parcial e incompleta. Parecería relacionarse con el conductismo (todavía aplicado hoy en día con sus premios y castigos). Consideramos que en este siglo multidimensional, complejo y abstruso, el mero pragmatismo y funcionalismo no alcanza para hacer frente a la tarea de la educación superior.

De la pedagogía marxista parecería importante la prédica de la solidaridad humana y de la libertad del hombre como valor supremo.  En lo concerniente a la solidaridad, el reto es lograr la inclusión social a través de, entre otros, la educación y enfrentar el egoísmo característico de la sociedad occidental moderna, en su conjunto, y de los estudiantes universitarios “del milenio” a quienes se atribuye, además, falta de empatía (uno de los pilares de la solidaridad). Konrath, O´Brien y Hising señalan que “Millennial students have a low sense of empathy” (2011, p. 20)

A growing culture of self-esteem, arising from indulgent practices in child and adolescent socialization, is widely held to be a character fault of the contemporary cohort of the Millennial college student (Gottlieb 2011; Twenge and Campbell 2009). In our injured view, students import this ethos to college, making our classrooms a site of conflict between the selfish student and the selfless professor (Gordon and Sahagun 2007; Krueger, Vohs, and Baumeister 2008). (Knowlton et al. Editores, 2013, p. 8) (El subrayado es nuestro)

La Escuela Nueva aporta los conceptos de una educación práctica, vital, participativa, democrática, colaborativa, activa y motivadora.  El constructivismo deja en claro que las acciones educativas a distancia ya no son ni una opción ni una necesidad, sino una realidad. En estos dos modelos pedagógicos se parte de la premisa de la horizontalidad en los intercambios personales, lo que se condice con la participación, la colaboración y una actitud democrática.[1]

La pedagogía cognitiva propugna desarrollar habilidades o instrumentos internos del conocimiento dentro del sujeto y estructuras cognitivas a partir de la capacidad de construir cada uno su propio conocimiento, lo cual es compatible con el reconocimiento del valor de la diversidad y de la heterogeneidad, particularmente en un país pluricultural, multiétnico y plurilingüe con el nuestro. Asimismo, va en la línea de la autotelia, sobre cuya base, según Miró Quesada Cantuarias, se apoya la ideología humanista. (1975, s/p)

(…) information— lots and lots of information— is readily available to many people in the world as never before. But access to information is of little use if one lacks the cognitive skills to interpret this information and sift the accurate information from the inaccurate, and the epistemically useful information from the epistemically useless. (…) The point is that education is to be distinguished from the mere transmission of information to passive minds and should be thought of instead as something which elicits and enhances the cognitive agency of the student. (Pritchard, 2013, p. 103)

De la pedagogía histórico crítica, se destaca que la educación debe garantizar un desarrollo integral y que la evaluación se orienta a promover desempeños para el cambio no solo personal y social, sino de la naturaleza. De la pedagogía de la liberación, la construcción colectiva del conocimiento, la comunicación dialogada y el establecimiento de relaciones empáticas, cooperativas y solidarias. En ambos aspectos, su significación es gravitante para la educación superior del siglo XXI puesto que cada vez es más claro que para sobrevivir como especie será necesario existir y coexistir tanto con personas como con otros seres vivos no personas, sobre la base de los valores antes señalados.

La pedagogía intercultural crítica propone no solo el respeto sino la incorporación de la diversidad cultural. Su vigencia es absoluta en esta era pro inclusión social, pero demanda profundas revisiones y quiebra de antiguos paradigmas.

As part of a wider move towards cultural pluralism, there has been increasing awareness of the need to promote intercultural education, particularly in countries with large indigenous populations, such as Bolivia, Colombia, Ecuador, Guatemala, Mexico and Peru. Intercultural education has become the hallmark of a multicultural society and seen as contributing towards the goal of ‘unity in diversity’ (Peru), fostering ‘national consciousness’ (Guatemala) and leading to a situation in which indigenous peoples will be ‘integrated but respected’ (Argentina). (Aikman, 1999, p. 1)

La educación intercultural es un requisito para promover relaciones armoniosas, justas y equitativas entre diversos grupos culturales y ello es fundamento para erradicar la exclusión, la discriminación y el racismo. La coexistencia de diversas culturas, con sus propios valores, demanda un alto grado de civismo y la ruptura del paradigma de una única cultura hegemónica y “correcta” o “superior”. Como sostiene Guerrero, la interculturalidad aún no existe —a diferencia de la pluriculturalidad que es un hecho constatable. Se debe alcanzar, “por medio de prácticas y acciones sociales concretas y conscientes” (1999, p.7).  La educación es uno de esas esferas indispensables para alcanzar la interculturalidad y, por ende, para lograr una sociedad más justa.

Nota del Autor:

[1] Sin embargo, parecería que la balanza se está inclinando demasiado y en la relación estudiante-profesor más que una horizontalidad habría ya una cierta subordinación del segundo respecto al primero: de allí el potencial conflicto entre el “selfish student” y el “selfless professor”.

Referencias:

Aikman, S. (1999)  Intercultural Education and Literacy. Philadelphia: Benjamins

Publishing Company, 1999. Recuperado el 20 de abril de 2014 de http://site.ebrary.com/lib/bibudlima/Doc?id=10014722&ppg=21

Kant, I. (1748) Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la ilustración? Recuperado el 8 deabril de 2014 de http://geografiaunal.files.wordpress.com/2013/01/kant_ilustracion.pdf

Miró Quesada Cantuarias, F. (1975). Sobre el concepto de razón.  Citado por

Ministerio de Educación.  Recuperado el 8 de abril de 2014 de http://www.minedu.gob.pe/institucional/Biografias/francisco_miro-quesada.php

Moreno Iturralde, J. I. y Ares Mateos, G. (2012).  La dignidad de todo ser humano.

Madrid: Ediciones Internacionales Universitarias.

Novak, M. (1992). Personas libres y el bien común. México D.F.: Editorial Diana.

Olivier, G. (2012) “Reto de la educación superior privada en América latina: entre laexpansión y la resistencia”. En: Idées d´Amériques.  Recuperado el 22 de abril de 2014 de  http://ideas.revues.org/382

Páez Conesa, J. E. (2013) Abortion: What We Ought to Believe. An Ontological and

Normative Analysis. Tesis doctoral.  Universidad Pompeu Fabra. Recuperado el 15 de abril de 2014 de http://www.tesisenred.net/bitstream/handle/10803/129465/tjepc.pdf?sequence=1

Guerrero, P. La interculturalidad solo será posible desde la insurgencia de la ternura.

En Reflexiones sobre interculturalidad. Primer Congreso Latinoamericano de Antropología. Quito, Ecuador. (1999) citado por Walsh, K. (2005). La interculturalidad en la educación. Lima: Ministerio de Educación.

Kant, Inmanuel. Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la ilustración? (1784)

http://geografiaunal.files.wordpress.com/2013/01/kant_ilustracion.pdf

Konrath, O’Brien, & Hsing (2011). Changes in dispositional empathy in American

college students over time: a meta-analysis. Personality and Social Psychology Review. 15 (2).

Knowlton, D.S. & Hagopian, K. J. (Editores). From Entitlement to Engagement:

Affirming Millennial Students’ Egos in the Higher Education Classroom New Directions for Teaching and Learning. Somerset: Wiley.  Recuperado el 20 de abril de 2014 de http://site.ebrary.com/lib/bibudlima/Doc?id=10766984&ppg=18

Pritchard, D. (2013). Education and the Growth of Knowledge: Perspectives from

Social and Virtue Epistemology. Journal of Philosophy of Education. Oxford: Wiley. Recuperado el 8 de abril de 2014 de http://site.ebrary.com/lib/bibudlima/Doc?id=10784798&ppg=103

UNESCO (1998). Declaración mundial sobre la educación superior en el siglo XXI:

Visión y Acción. Recuperado el 3 de abril de 2014 de http://www.unesco.org/education/educprog/wche/declaration_spa.htm

Docente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Lima

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