La ética como valor agregado

La ética como valor agregado

El advenimiento de la postmodernidad y el afianzamiento de la globalización, llevaron consigo varios progresos en el ámbito de la economía, la cultura y el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación[1], sin embargo, también trajeron consigo varios problemas, siendo uno de los principales, la deconstrucción de conceptos ligados a varios aspectos ético-morales, axiológicos y deontológicos del ser humano.

Autores como Bandieri[2] parafraseando a Alain de Benoist[3], han identificado que muchos conceptos como identidad nacional se han tornado obsoletos ante el avasallador poder del cosmopolitismo:

«…paradoja es que el reclamo de identidad es antimoderno, en la medida en que la modernidad ha funcionado como una máquina de esfumar identidades y tender hacia la indistinción. Pero, a la vez, la modernidad exalta el individualismo, el yo exasperado».

Así como la cuestión de la identidad, la Ética –en tanto estudio de la moral–, parece tender a la misma tesis de Bandieri, por lo que parafraseándola, podemos sostener que, otra paradoja paralela, es que el reclamo de eticidad se ha tornado en antimoderno, en la medida en que la modernidad está funcionando como una máquina de desplazamiento de la eticidad y tendiendo hacia su menosprecio. Pero, a la vez, la modernidad está comenzando a exaltar la eticidad, y en ello, la necesaria presencia de un comportamiento moral en todo actuar humano.

Esta cada vez mayor demanda de eticidad, no solo se hace presente en el ámbito personal y/o familiar, sino sobre todo en el ámbito empresarial y profesional:

«…la ética de los negocios como disciplina, debe reflexionar sobre los valores propios de cada región cultural, no obstante la globalización que vivimos; de ahí, que su aplicación tenga un horizonte de sentido, es decir, teórica y prácticamente debe responder a una realidad concreta. Existe legado moral para cada región cultural en el mundo, cierto; empero, también se vive la aldea global y sin duda, hay una moralidad general que no debe soslayarse, pues las soluciones a los problemas socioeconómicos que se tomen, afectan a todo el mundo para bien o para mal. Ligado a lo anterior, y de acuerdo con Weiss (2006), esta disciplina cuestiona razonablemente lo que es correcto y erróneo, bueno y malo, perjudicial y benéfico respecto de las decisiones y las acciones en las transacciones de las empresas; ello permite aprender a pensar, razonar y actuar en forma ética, lo cual abre la posibilidad de estar conscientes y reconocer un problema ético potencial»[4].

Es por lo anterior, que la demanda de eticidad en pleno siglo XXI –sostenemos– se plasma en dos aspectos, una demanda de bienes éticos, y una demanda de servicios éticos.

Hemos llamado bienes éticos, a aquellos cuya producción está garantizada haberse realizado bajo estándares que se encuentran acorde a las normativas legales de los diversos países (v.gr. no producir bienes con mano de obra esclava como los tristemente recordados casos de Nike en Indonesia, Zara, Apple etc.); y hemos optado por llamar servicios éticos, a aquellos que se brindan bajo estricto seguimiento de un Código de Ética, como es el caso de la actividad empresarial[5], y diversas actividades profesionales como la abogacía[6], el notariado[7], y la traducción[8].

Así como una marca o una empresa, pierden confiabilidad frente al consumidor y por ende ganancias –pudiendo llevar a la quiebra o al desprestigio–, al no poder asegurar la eticidad de sus políticas,  de igual manera, el brindar servicios profesionales en contravención de normas éticas genera desconfianza en el consumidor de los servicios profesionales, y por ende el desprestigio del profesional ante el mercado.

«Los comportamientos no éticos en los negocios reducen el valor de la empresa al minar su reputación. La pérdida de reputación afecta a todas las relaciones contractuales de la empresa: reduce y encarece los costes de transacción de todas las oportunidades de intercambio, ya sea con clientes, inversores o empleados…»[9]

Visto lo anterior, nos queda muy en claro, que la ética genera mayor rentabilidad 1. a nivel empresarial, en tanto el liderazgo empresarial como las políticas que incentivan el desarrollo y la expansión de decisiones éticas dentro de las empresas, garantizan un mejor servicio y determinan un mayor ratio de éxito empresarial; y 2. a nivel de servicios profesionales, en tanto el comportamiento ético de los profesionales aumenta su prestigio y su valor en el mercado.

Esto refrenda la importancia, y la nueva concepción que enarbolan los llamados Millennials[10], sobre el concepto de empresa y vida profesional, basada más que en relaciones de producción propias de un determinismo económico, en relaciones de confianza.

Esta nueva visión, establece parámetros y lineamientos generales para empresas y profesionales, que quieran darle un mayor valor agregado a su rama o rubro de actividad. Valor agregado que, nos atrevemos a concluir, está determinando que los consumidores ya no solo demanden bienes y/o servicios por la calidad del producto per se, sino también, que al parecer, hay un nuevo mercado de consumo ético, es decir, se exige que empresas y profesionales se comporten éticamente para hacerlos más atractivos en base a su confiabilidad.

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REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

1.- BANDIERI, Luis María. «Patria, nación, estado ´et de quibusdam aliis´». En: Revista Facultad de Derecho y Ciencia Política. Medellín-Colombia. Vol. 37. No. 106. 2007.

2.- BENOIST, Alain de. «Liberté, Égalité, Identité». En: Éléments pour la civilisation éuropéenne. No. 13. Paris. Verano 2004.

3.- DEL ROSARIO BARRADAS MARTINEZ, María; CASTRO ORTIZ, Ignacio. «Ética empresarial y responsabilidad social de la empresa familiar. Un caso para reflexionar ciudad de Huajuapan de León, Oaxaca».

4.- CUERVO GARCIA, Álvaro. «Los fines de la empresa moderna y el papel de los directivos ante los grupos de interés. El modelo de empresa de siglo XXI: hacia una estrategia competitiva y sostenible». Forética/Grupo Editorial Cinca S.A. Colección Biblioteca de Ciencias Sociales 6. 2008.

5.- SUPERINTENDENCIA DEL MERCADO DE VALORES. «Código de Buen Gobierno Corporativo para las Sociedades Peruanas». 2013.

6.- JUNTA DE DECANOS DE LOS COLEGIOS DE ABOGADOS DEL PERÚ. «Código de Ética del Abogado». 2012.

7.- DECRETO SUPREMO No. 015-1985-JUS. «Código de Ética del Notariado Peruano».

8.- COLEGIO DE TRADUCTORES DEL PERÚ. «Código de Ética». 2009.

[1] También llamadas TIC’s.

[2] BANDIERI, Luis María. «Patria, nación, estado ´et de quibusdam aliis´». En: Revista Facultad de Derecho y Ciencia Política. Medellín-Colombia. Vol. 37. No. 106. Pág. 50.

[3] BENOIST, Alain de. «Liberté, Égalité, Identité». En: Éléments pour la civilisation éuropéenne. No. 13.Paris. Verano 2004. Pág. 1.

[4] DEL ROSARIO BARRADAS MARTINEZ, María; CASTRO ORTIZ, Ignacio. «Ética empresarial y responsabilidad social de la empresa familiar. Un caso para reflexionar ciudad de Huajuapan de León, Oaxaca». Pág. 2.

[5] SUPERINTENDENCIA DEL MERCADO DE VALORES. «Código de Buen Gobierno Corporativo para las Sociedades Peruanas». 2013.

[6] JUNTA DE DECANOS DE LOS COLEGIOS DE ABOGADOS DEL PERÚ. «Código de Ética del Abogado». 2012.

[7] DECRETO SUPREMO No. 015-1985-JUS. «Código de Ética del Notariado Peruano».

[8] COLEGIO DE TRADUCTORES DEL PERÚ. «Código de Ética».2009.

[9] CUERVO GARCIA, Álvaro. «Los fines de la empresa moderna y el papel de los directivos ante los grupos de interés. El modelo de empresa de siglo XXI: hacia una estrategia competitiva y sostenible». Forética/Grupo Editorial Cinca S.A. Colección Biblioteca de Ciencias Sociales 6. Pág. 5.

[10] La Generación Millennials define a los nacidos entre 1981 y 1995, jóvenes entre 20 y 35 años que se hicieron adultos con el cambio de milenio (en plena prosperidad económica antes de la crisis). Fuente: http://www.forbes.com.mx/6-rasgos-clave-de-los-millennials-los-nuevos-consumidores/

Estudiante de Derecho por la Universidad de Lima y Coordinador General y Director de la Comisión de Doctrina e Investigación del Círculo de Estudios de Ética y Filosofía Moral

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