El curso en el que se gasta más suelas de zapatillas que tinta

El curso en el que se gasta más suelas de zapatillas que tinta

A fines del año 2015, un grupo de profesores fuimos convocados por la Dirección del Programa de Estudios Generales para desarrollar un nuevo curso que acercara a los alumnos con el arte y la relación de este con diversos aspectos de la sociedad.

En un principio, los llamados a esta misión no llegamos a ponernos de acuerdo en nada y, para ser sinceros, salimos de nuestra primera reunión creyendo  que no podríamos cumplir con lo que más tarde supimos era un pedido explícito del nuevo rector.

Quién sabe si fue por amor propio o porque surgió algún tipo de química entre los miembros de nuestro pequeño equipo, o ambas cosas a la vez, pero durante nuestro segundo y tercer encuentro, las cosas empezaron a fluir.

La idea de un tradicional curso de Historia del Arte o uno de “Estéticas” quedaron descartadas, y esto fue quizás lo que nos dejó de separar en cuanto el concepto general de lo que debíamos crear. El curso debía ser algo totalmente novedoso y el objetivo principal de este era el poder hacer entender a los alumnos que el arte no era ajeno a ellos, sino que era intrínseco a todas las manifestaciones sociales existentes a lo largo de la historia.

Otro punto complicado para nuestra labor fue poder diseñar un curso que fuera capaz de ser atractivo para alumnos tan diferentes, como futuros comunicadores, psicólogos y abogados. Esto lo logramos, teniendo como objetivo principal, demostrar que el arte es algo práctico, ya que, en esencia, es un medio de comunicación que en diferentes contextos de espacio y de tiempo ha tenido una vinculación muy fuerte con aquellos grupos que no tienen voz, entre ellos, los jóvenes.

Semana tras semana, nuestros estudiantes abordarían temas en donde haríamos plausible la relación entre el arte y la creación de identidades (“Arte e identidad”), la relación entre el arte y la difusión de ideologías (“Arte y Política”, “Arte y Religión”), el uso del arte como herramienta de protesta (“Arte y Rebeldía”, “Arte y Género”), el nexo entre el arte y el contexto histórico (“Arte y Humor”, “Arte y Violencia”). Todos estos temas y otros más serían sustentados mediante ejemplos artísticos, tanto del arte occidental, como de otras regiones del globo, incluido el Perú. Nuestro curso se enriquecería mientras más diversos en ubicación geográfica y/o espacial fueran los casos a exponer.

¿Y cómo se llamaría el curso? Tuvimos varias ideas, una de ellas era “Arte y Sociedad”, pero los profesores de literatura nos ganaron por puesta de mano al llamar a su renovado curso “Literatura y Sociedad”. Así que no nos complicamos la vida y quedó, sencillamente, el nombre de “Arte y Cultura”.

Ya con nombre y definido el syllabus, hecho con la presión de tener muy poco tiempo, vino la siguiente interrogante: ¿cómo evaluar? Quizás esta pregunta podría sonar a muy simple o hasta tonta, pero tanto las profesoras Cristina Belaunde y Caroline Cruz, así como quien escribe, queríamos que este nuevo curso fuera totalmente diferente a otras materias existentes y esto incluía tanto a las prácticas que conformaban la tarea académica, como a los exámenes.

Si hay un reclamo que es justificado entre los alumnos, es que, en casos que no son escasos, las prácticas no tienen mucha conexión con el resto del desarrollo de un curso, y no son más que controles de lectura que funcionan totalmente independientes. Además, el sentido de la práctica como bien lo dice la palabra, es materializar lo aprendido como teoría en el aula. Nuestra intención fue hacer realidad el sentido de este tipo de evaluaciones, para eso propusimos -a decisión de cada profesor- intentar innovar mediante las siguientes premisas:

  • Hacer vívida la relación entre el alumno y el arte,
  • Romper con la evaluación dentro del aula
  • Promover el trabajo en equipo
  • Darle una atmosfera lúdica a la evaluación
  • Usar la tecnología y las redes sociales a favor del conocimiento y la investigación
  • Y, finalmente, tener como resultado un producto que el alumno a futuro pueda seguir desarrollando.

Con estos puntos, se ha logrado proponer diversos modos de evaluación en lo que a las prácticas del curso se refiere. En mi caso particular, el uso de una aplicación telefónica, “Dayly Art”, así como la adecuación del efímero juego “Pokemon Go” dieron excelentes resultados. En este año en curso, el crear rutas turísticas para el arte urbano de los diferentes distritos de Lima Metropolitana, así como propuestas de museos de arte para difundir el conocimiento adquirido por los propios alumnos a lo largo del curso, ha finalizado con trabajos realmente creativos y con un alto nivel.

Hoy, los alumnos que llevan el curso saben que las prácticas realmente lo son, que estas llevan un promedio de seis a siete semanas en realizarse, y, así como  divertidas, son un trabajo continuo que no se logra sino hay una coordinación constante entre los miembros del equipo y el profesor. Los alumnos que ya han llevado el curso saben que no solo se gasta tinta sobre el papel, sino mucha suela de zapatilla.

En cuanto a los exámenes, se decidió que lo único convencional del curso sería el examen parcial, el cual evaluaría los conocimientos adquiridos tanto en clase, como en una serie de lecturas obligatorias asociadas a cada semana de clases. Pero, para el final, nuestra propuesta sí era totalmente radical.

El final del examen de “Arte y Cultura” sería la creación de una obra de arte por parte del alumno. Esto era un desafío de varias maneras. En primer lugar, muchos alumnos tendrían poca o ninguna relación con el arte y se trataría de una prueba de largo aliento, pues el proceso de desarrollo de la obra sería observado y asesorado por el profesor a lo largo de, prácticamente, trece semanas. Para ser sinceros, tuvimos nuestros miedos, pero después de tres años de iniciado el curso se puede decir, con toda franqueza, que este formato  no solo fue bien recibido por los alumnos sino también  exitoso.

A partir del semestre 2016-II, tomé la decisión de darle un perfil particular al examen final de las secciones a mi cargo. En primer lugar, el examen sería totalmente individual, sin opción a grupos. Esta decisión está basada en el siguiente sustento: si el arte es un medio de comunicar sentimientos mediante la estética, ¿es sincera la creación de una obra artística a partir de un grupo de jóvenes recién iniciados en el tema?¿o solo es un trabajo más de esos que se hacen por obligación?

Es por ello que mi propuesta en los cinco últimos semestres ha sido realizar el examen de manera individual a partir de los siguientes pasos:

  • Elección por parte del alumno del momento más importante a lo largo de su vida.
  • Sintetizar dicho momento en una o más palabras que reflejen el o los sentimientos que nacen luego de esa experiencia.
  • Materializar dichos sentimientos en cualquier de los soportes artísticos vistos en clase.
  • Exponer de manera pública o privada el desarrollo de la obra creativa.

Más de 600 alumnos ya han realizado este examen y los resultados han sido notables. Desde lograr que el alumno se involucre con una prueba que es hecha por él, para él y en base a él.  Por otro lado, esta prueba permite que jóvenes con realidades diversas puedan compartir sus vivencias, no hace más que integrar al aula en una sana competencia y una experiencia en algunos casos terapéutica que no se aleja de las funciones propias de lo que es hacer arte. En el curso de “Arte y Cultura” se logra dejar atrás el término “compañero de aula” por el de “amigo de aula”.  Además,  este curso articula conocimientos adquiridos a través de otras materias, como, por ejemplo, Desarrollo Personal y Social, Globalización y Realidad Nacional, Literatura y Sociedad, Procesos Sociales y Políticos, entre otros.

A través del curso, más de 600 obras creativas han sido producidas, solo en las aulas que he tenido el gusto de dirigir, cientos de pinturas, fotografías, cortos, animaciones, poemas, cuentos, novelas, monólogos, cómics, guiones de teatro, coreografías de danza, esculturas, tallas, canciones, instalaciones y arte digital, han nacido de la cabeza y el corazón de los que fueron y son mis alumnos. En el curso de Arte y Cultura, es quizás el profesor quien más aprende a lo largo del semestre. Es por ello que aprovecho para agradecer a cada uno de los que fueron mis alumnos en estos tres años en el curso.

Todo esto, nos ha llevado a tener un curso que deja huella en el estudiante, la impronta del conocimiento adquirido; y esperamos su difusión y materialización en profesionales íntegros, pero, sobre todo, ciudadanos comprometidos y  seres humanos  empáticos con los demás.

Queremos lograr comunicadores con un mayor conocimiento de la evolución del arte y su impacto en la sociedad,  ya que podrán crear productos creativos que no se distancien de la responsabilidad social. Psicólogos que conozcan el efecto positivo del arte en sus pacientes, contarán con una nueva herramienta en su labor terapéutica. Abogados conocedores del impacto del arte; en cuanto a la formación de identidades, podrán ser protectores de nuestro patrimonio y su legado. Y todo esto me lleva a preguntarme, ¿no podrían llevar el curso de “Arte y Cultura” todos aquellos que pasen por el Programa de Estudios Generales? Quizás en un futuro cercano así sea.

El curso es aun muy joven y, por lo tanto, se irán agregando nuevas estrategias e irá evolucionando, pero esperamos y nos esforzaremos en que la esencia se mantenga.

Arqueólogo por la PUCP y docente en la Universidad de Lima

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