12 de Octubre del 2018

El caso de un caracol que empoderó a los consumidores

Me han pedido que escriba un post para Agnitio.pe, lo cual es un honor, pero me he quedado en blanco. ¿Qué puede una abogada formada en derecho común en Australia aportar a estudiantes de derecho de un sistema legal civil?

 

Luego de pensar un poco decidí no inventar la pólvora, sino contarles algo del derecho común que les sirva para comparar sistemas o, por último, como anécdota divertida. Se trata de cómo se creó la ley de negligencia moderna para los países del Commonwealth, a partir del caso Donoghue vs. Stevenson[1], la cual es ‘buena ley’ casi 90 años después. Donoghue v Stevenson[2] es un caso escocés protagonizado por un caracol que pasó a mejor vida ahogado en una botella de cerveza de jengibre.

 

La tarde del domingo del 26 de agosto de 1928, May Donoghue tomó el tren en Glasgow hacia Paisley, Escocia, para encontrase con un amigo en el café Wellmeadow. Este ordenó y pagó una pera con hielo para él y un “Scottish float”, es decir, helado en cerveza de jengibre para May.  No obstante, a May no le trajeron el “Scottish float” ya preparado, sino que le sirvieron el helado en un vaso y le dieron aparte la botella de cerveza para que ella misma fuera echándola al helado a medida que lo comía. Es ahí cuando, de la botella opaca y oscura, cayeron al helado los restos de un caracol.  May se sintió mal y se quejó de fuertes dolores de estómago que atribuyó al caracol. El doctor le diagnosticó gastroenteritis y shock severo.

 

En 1928 no existía una ley de defensa del consumidor y el derecho consuetudinario solo reconocía el deber de cuidado de evitar daños y perjuicios por negligencia en tres circunstancias específicas: cuando existía contrato, por haberse manufacturado un producto peligroso o en caso de fraude. El que pagó la cerveza fue el amigo de May, por tanto, el contrato fue entre este último y el dueño del café[3]. Al no ser parte del contrato, May no podía enjuiciarlo por incumplimiento. Además, el dueño del café tampoco tenía idea, había recibido la botella sellada del fabricante y solo la abrió antes de servirla.

 

Por otro lado, ni May ni su amigo habían comprado la cerveza de jengibre directamente al fabricante, por lo que tampoco había contrato con este. El fabricante tampoco había cometido fraude y, además, la cerveza de jengibre no era considerada un producto peligroso.

Walter Leechman era un abogado que poco antes había perdido dos casos similares contra otro fabricante de cerveza de jengibre, pero en ambas oportunidades con ratones en vez de un caracol[4]. Es que, al no existir precedente que los guiara en la sentencia, los jueces del momento no se atrevieron a cambiar el status quo de la ley. Sin embargo, Leechman no se dio por vencido y decidió esta vez representar a May Donoghue en un juicio contra David Stevenson, el fabricante de la cerveza de jengibre en cuya botella se encontró los restos de un caracol[5].

 

El caso fue apelado hasta llegar a la Casa de los Lores, la corte de mayor jerarquía, el 10 de diciembre de 1931, tres años después del descubrimiento del caracol. El abogado de May argumentó que el fabricante que saca un producto al mercado envasado de tal forma que el consumidor no puede examinarlo antes de usarlo, es responsable por cualquier daño y perjuicio ocasionado; y en el caso de May, este no pudo examinar su cerveza de jengibre antes de consumirla porque la botella era oscura y opaca.

 

Lord Atkin de Aberdovey era parte del panel de jueces que escuchó la apelación y, el 26 de mayo de 1932, determinó en favor de May Donoghue, dictando sentencia:

 

“El mandamiento que dice “ama a tu prójimo”, en derecho se convierte en “no debes perjudicar a tu prójimo”; y a la pregunta de “¿quién es mi prójimo?” la respuesta es simple: “Tienes el razonable deber de cuidado que [se materializa] en evitar actos u omisiones, cuyo posible perjuicio a tu prójimo puedas razonablemente prever.”

 

La víctima de daños y perjuicios, a su persona o a su propiedad, por negligencia de terceros, podía, desde ese momento, iniciar acción civil contra el causante. Ya no tenía que demostrar la existencia de contrato, fraude o un producto peligroso para probar negligencia. La sentencia de Lord Atkin estableció que Stevenson era responsable por la integridad de su producto, el cual debía llegar en perfecto estado al usuario o consumidor final, a quien le “debía cuidado”.

 

Y fue así como los restos de un caracol, cuya existencia nunca fue probada por motivos que no se discutirán en este post, dieron lugar al derecho moderno de negligencia. Se trata de la responsabilidad civil por error u omisión, que en inglés se conoce como “Tort”.  Es más, el término “negligencia” es tan amplio que puede aplicarse a casi todas las relaciones en cualquier circunstancia como lesiones personales, productos fallados, mala práctica (los abogados no nos salvamos), etc.  El precedente creado por Lord Atkin ha evolucionado y es la base de la legislación que protege a los consumidores en los países del Commonwealth, entre ellos Australia.[6]

 

Muchos consideran la sentencia de Lord Atkin como un principio justo y altruista basado en la parábola del Buen Samaritano.[7] Otros dicen que Lord Adkin simplemente se excedió, dando lugar a la cultura de compensación y al enriquecimiento de las compañías de seguros.

Stevenson murió y May Donoghue fue compensada con solo £200 por arreglo fuera de la corte. No obstante, este caso dio lugar a miles de juicios por millones de dólares.

En la actualidad, la ley de negligencia decidida en Donoghue v Stevenson[8] es buena ley, pero su alcance se limita parcialmente al interactuar con otra legislación creada en parlamento.[9]

 

Referencias:

[1] Donoghue v Stevenson [1932] AC.

[2] Ibidem.

[3] En Derecho de Contratos en Australia, se entra en contrato cada vez que se compra algo. Es tan sencillo y constante, que ni siquiera nos damos cuenta: tiene que haber oferta (la pera con hielo y el “Scottish float”), aceptación, retribución (dinero) e intención (no puede ser forzado).

[4] Mullen v Barr [1929] CS, M’Gowan v Barr [1929] CS.

[5] Ver No.1.

[6] The Australian Consumer Law (ACL)) incluida en el Schedule 2 de The Competition and Consumer Act 2010, previamente conocida como the Trade Practices Act 1974 (TPA)).

[7] El Buen Samaritano, Lucas 10:25-37.

[8] Ver No. 1.

[9] Por ejemplo the Civil Liability Act 2002 and the Law of Negligence and Limitation of Liability Act 2008 (NI).

 

Milagros Cornejo García

Abogada por la Universidad de Wollongong, New South Wales (NSW) Australia, admitida por la Corte Suprema de NSW en 2012. Trabaja como abogada generalista en lo civil, con énfasis en derecho de familia en NSW, Australia.

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